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Inequidad de género en la lectura

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¿Por qué los hombres leen menos que las mujeres? Las distintas pruebas nacionales e internacionales muestran que los hombres sistemáticamente obtienen resultados más bajos que las mujeres en comprensión de lectura, situación que es a la inversa de lo que ocurre en matemática. Un ejemplo de ello son los datos de la prueba PISA 2012 y de los Cuestionarios de Calidad y Contexto Educativo de la prueba Simce 2013, con los que se comprueba que los hombres tienen disposiciones menos favorables hacia la lectura que las mujeres. En ese sentido, la OCDE ha señalado que en Chile los hombres, especialmente los más vulnerables, podrían mejorar sus resultados si tuvieran mayores niveles de motivación a leer y si utilizaran estrategias de aprendizaje más efectivas.

Es fundamental fomentar la lectura como una de las habilidades más importantes para el crecimiento y desarrollo de las personas, capacidad que nos permite también participar en comunidad y como sociedad. Así también, es importante superar las brechas de género que observamos en Lenguaje, pues tener estudiantes que obtienen resultados condicionados por su género consiente una fuga de talentos que como país no podemos permitir. A pesar de la importancia de este tema, existe poca evidencia sobre cómo en Chile los establecimientos educacionales trabajan para superar las brechas de género en la lectura. Por este motivo, hemos realizado recientemente el estudio "Buenas prácticas en la reducción de las brechas de género en resultados Simce de Comprensión de Lectura y Matemática II medio", con el que aportamos información acerca de iniciativas que potencialmente reducen la brecha de género, y que pueden ser de utilidad para las comunidades escolares y para el debate y desarrollo de las políticas públicas en este ámbito.

Entre las buenas prácticas para reducir la brecha en Lenguaje, cabe señalar, entre otros: un plan lector flexible, con el que el docente orienta la elección de libros, permitiendo la personalización de planes de lectura más adaptables a los gustos tanto de niños como de niñas; la ubicación de la biblioteca, que no quede apartada en un rincón del colegio, sino más bien en un lugar central por donde siempre pasen los estudiantes y se promuevan otros usos del espacio (lugar de juego, talleres); el ordenamiento de los asientos en que se mezclen hombres y mujeres, priorizando tareas en grupos mixtos; la incorporación de tecnologías con el uso de teléfonos inteligentes en clases y el uso de internet para descargar libros; talleres de periodismo y concursos de cuentos, y fomentar la lectura entre padres, que son un poderoso modelo para los hijos.

La curiosidad por leer, a la larga, aumenta cuando el entorno lo hace como una actividad habitual. Es sustancial también la utilización de un lenguaje inclusivo que respete la diversidad presente en la sala de clases y en el establecimiento, y que los docentes dediquen igual atención e interés a mujeres y hombres al dar la palabra, preguntar, retroalimentar y rescatar los ejemplos dados por los alumnos.

Existe sólida evidencia que ha demostrado que la percepción de las propias habilidades para una materia impacta de manera importante en el logro académico en esa asignatura. Es clave considerar que este autoconcepto es también influenciado por los estereotipos de género (por ejemplo, si la lectura es sinónimo de sensible, femenino, las niñas pueden formar un mejor autoconcepto en lectura que los niños). Estos patrones sociales se incuban desde la primera infancia, por lo que impacta en los resultados a lo largo de toda la trayectoria educativa. De ahí la urgencia de actuar tempranamente respecto de estas desigualdades, tan enraizadas, y con tan altas consecuencias para nuestros niños y niñas.

Somos conscientes de que, para tomar medidas en las brechas de género en el aprendizaje, se requiere de un cambio cultural a largo plazo, que es responsabilidad de todos, pero pequeños pasos pueden ser precedentes relevantes y concretos ante la urgencia de avanzar hacia una equidad de género que permita brindar las mismas oportunidades y condiciones a niñas y niños, sin dejar a un lado las particularidades de cada uno y posibilitando el desarrollo pleno de sus capacidades.

Carlos Henríquez
Secretario ejecutivo
Agencia de la Calidad de la Educación